Investigación

El Reinado del K-pop y la ‘Ola Coreana’

El k-pop ha vivido un auténtico auge en todo el mundo, en España incluso ha llegado a colarse en la lista Del 40 al 1 de Los 40 Principales. ¿Cómo ha podido llegar a lo más mainstream de occidente?

Primero debemos saber qué es el k-pop. Para muchos, no es más que la música popular de Corea (del Sur), para otros es una industria que produce idols (explicaré esta figura más adelante) e incluso un género musical. Si realmente se trata de un género o si sólo se intenta separarlos de las categorías occidentales es un verdadero debate.

Desde sus inicios, la música popular coreana se ha caracterizado por la confluencia de su propia cultura, la occidental y la japonesa. En 1885, un misionero norteamericano enseñó en la escuela canciones populares de Estados Unidos y Reino Unido, con las letras en coreano (changga). Entre 1910 y 1945, durante la ocupación japonesa, se popularizaron al usarse para expresar el rechazo contra esta invasión. Por su parte, los japoneses tomaron estas canciones, creando sus propias letras. Así fue como nació el trot, considerada la primera forma de música popular coreana. Tras la Guerra de Corea, las tropas estadounidenses continuaron en Corea del Sur, de manera que llegaron los discos de vinilo, el jazz, el blues, el country y el rock & roll, así como movimientos sociales como el hippie. Durante los 70 se popularizaron el folk y también los DJs y en los 80 fueron muy importantes las baladas, Cho Yong Pil fue el primer artista surcoreano en cantar en el Carnegie Hall de Nueva York, entre su repertorio se encontraban el rock, trot, folk pop e incluso dance.

Es en 1990 cuando se empieza a desarrollar el k-pop que conocemos hoy en día con el grupo Seo Taiji and Boys, estos mezclaron rock, tecno y, los más importante, hip hop, un género no muy conocido en Corea del Sur hasta ese momento. Este hecho marcó asimismo la decadencia del trot. Muchos grupos surgieron para imitar a Seo Taiji and Boys, estos eran creados por compañías que intentaban ser lo más popular del momento, marcando así el inicio de la cultura idol. Los idols son celebridades capaces de cantar, actuar, modelar, presentar, etc., son entrenados por compañías desde que son pequeños, para lo cual son escogidos en audiciones. Las tres empresas más grandes de Corea del Sur se crearon a finales de los 90, S.M. Entertainment, YG Entertainment  y JYP Entertainment, aunque hay muchas más estas son las más influyentes.

Este sistema recuerda al dado en el j-pop, pero tiene algunas diferencias respecto al k-pop que hacen de este último el más conocido en el mundo. En Japón es muy importante la estética kawaii (‘adorable’) tanto en artistas femeninas como en masculinos, además hay gran cantidad de grupos incluso, creándose algunos para publicitar diferentes productos. Si tienen éxito pueden durar décadas, existiendo así las graduaciones. El ejemplo más conocido es AKB48 (Akihabara48), el cual en 2020 posee 91 integrantes y a lo largo de su existencia (desde 2005) ha tenido 395. Asimismo, conseguir su música desde fuera de Japón es muy complicado, pues es difícil comprar discos y hasta hace muy poco no colgaban sus vídeos en YouTube ni compartían su música en Spotify; de igual manera muy pocos artistas han tocado fuera del país nipón, algunas han sido Kyary Pamyu Pamyu y Babymetal.

Por otro lado, la estética del k-pop suele centrarse más en ser transgresores y sexys (el más ejemplar es 2NE1), algo más propio de occidente. El estándar de belleza coreano está también muy occidentalizado, siendo extremadamente comunes las operaciones estéticas. La más popular es la operación de doble párpado (blefaroplastia asiática), aunque no se sabe el origen con exactitud, fue traída por los estadounidenses al considerar que no podían confiar en los coreanos con esos ojos rasgados. A partir de este momento, los ojos más occidentalizados se convirtieron en un símbolo de buen asiático, llegando a extenderse por todo el continente. Por otro lado, esto es algo que en el j-pop no se suele hacer, pues es mejor lo natural e inocente. El número de grupos es aún más extremo que en Japón, se estima que todos los días debutan en torno a 120; de esta forma, es común que muchos desaparezcan al poco de crearse. Además, aunque haya excepciones (como Girls Generation), lo normal es que los grupos existan durante unos 5 años incluso si tienen éxito, pues supone un gran esfuerzo físico y mental para los miembros. Entre las reglas que los idols deben seguir se encuentran: no tomar drogas ni ir a fiestas, no tener parejas, mantener un peso concreto, etc. Lo más importante quizás sea la gran publicidad que realizan fuera de Corea del Sur y la accesibilidad de sus discos y merchandising. Que alguno de los integrantes hable inglés, japonés y/o chino es también muy importante y en muchas ocasiones los miembros poseen nombres artísticos occidentales. Lograr expandirse siempre ha sido lo principal en el k-pop, pues a diferencia de Japón, Corea del Sur posee la mitad de sus habitantes (126 millones frente a 51 millones aproximadamente).

A partir del 2000 se produjo el ascenso del hallyy, ‘ola coreana’, primero hacia Asia oriental y después por todo el mundo. Así, los k-dramas o doramas coranos (podría categorizarse como novelas coreanas) y el k-beauty (rutinas, maquillaje y productos de belleza coreanos) entre otras cosas también comenzaron a expandirse junto con el k-pop. Esto es especialmente importante para un país tradicional que, recordemos, sigue en conflicto con Corea del Norte. Desde el mismo gobierno se alaba al k-pop e incluso muchas canciones de grupos como BTS suenan en los altavoces de la frontera con el país vecino. Podría decirse que este proceso es parecido al que se dio durante la Guerra Fría, en la que los productos culturales de Estados Unidos intentaban extender sus ideas y las bondades del capitalismo. De igual manera, la exportación se ha tornado en una parte muy importante de su economía y, además, muchas personas viajan a Corea del Sur ya sea para aprender coreano, ir a conciertos o incluso operarse (el turismo estético es común pues los precios son muy bajos).

La manera en la que consiguen un seguimiento tan leal es a través de una gran interacción con los fans además de contar con ritmos pegadizos, bailes, letras en coreano y en inglés y vídeos y puestas en escenas con una imagen muy cuidada. Es evidente que muchos grupos occidentales han tenido grandes legiones de fans, no obstante, para los fans del k-pop es especialmente importante que sus ídolos sepan el apoyo que tienen. Esto se debe al esfuerzo tan grande que deben hacer desde que son trainees. Este término hace referencia a las personas que han pasado las audiciones o que han sido contactados directamente por las agencias, los cuales están entrenando para formar un grupo. Muchos de ellos no llegan a cobrar nunca, pues el dinero se lo quedan las empresas para pagar profesores, vestuario, alojamiento, etc. En otros casos, son los propios trainees los que deben pagarse las clases y demás gastos. Todo ese entrenamiento debe ser compaginado con los estudios cuando tienen la edad de seguir la enseñanza obligatoria. De entre todos esos trainees muy pocos llegan a ser parte de un grupo y, a su vez, de entre estos grupos muy pocos llegan a tener éxito. Los que tienen éxito, deben vivir juntos pues tienen que practicar todos los días, muchas veces no ven a sus padres durante largos periodos de tiempo. De esta manera, los fans intentan hacer felices a sus ídolos siempre que pueden.

Cada club de fans de un grupo suele tener un nombre propio y un color, el cual es usado en los lightsticks personalizados (sólo los tienen los grupos más famosos). Estos son las luces que se usan en los conciertos y ceremonias de premios, entre los fans son muy importantes pues demuestran su aprecio por sus grupos favoritos, los cuales pueden ver la sala iluminada con sus colores. Además, los clubes de fans se encargan de financiar obras benéficas en nombre de sus ídolos e incluso les mandan almuerzos. Todo esto requiere de una gran capacidad de organización, la cual se ha dejado ver en múltiples ocasiones con las que se han ganado el respeto de internet: cuando la policía de Dallas animó a que se mandaran vídeos de actividades ilegales durante las protestas de Black Lives Matter, les inundaron con vídeos de sus grupos favoritos; la ocasión en la que reservaron asientos para un evento de campaña de Trump, lo que resultó en una gran cantidad de asientos vacíos; o cuando en España inundaron hahstags de Vox con vídeos de grupos de k-pop.

Si bien a través de estos grupos muchos jóvenes hacen amistades y quedan para cantar y bailar sus canciones favoritas, la influencia del k-pop puede ser negativa en ocasiones. Lo estándares de belleza de Corea del Sur y la obsesión por estar delgados permea en la audiencia. Numerosos vídeos de dietas de idols y fotos del antes y después de operaciones estéticas circulan por las redes sociales (a través de las cuales hacen comunidad).

Al final, el k-pop es un reflejo de la industria musical capitalista más perfecta, con todo lo bueno y lo malo que conlleva. No tiene problemas en admitir que es prefabricado, el pop occidental también lo es, no obstante, no llega al nivel de perfección del k-pop y tanto ellos como sus fans lo saben.

 

 

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